
30.10.08
Pídeselo a alguien que le importe

27.10.08
EL APEGO

Quiero destacar que cuando hablo de niño me refiero a ambos sexos y cuando hablo de madre me refiero a la persona que se ocupa del cuidado del bebé desde que nace y de forma principal. En este caso, hablo más de un rol aunque siempre es preferible que sea la madre biológica la que desempeñe este rol puesto que antes del nacimiento y en las horas inmediatas al mismo ya se va creando un vínculo importante que de otra forma se rompería y habría que reparar. El rol del padre (o persona secundaria en el cuidado del bebé) es el de apoyo y sostén de esa díada creada y necesaria.
1. Antes del nacimiento
La cuestión del vínculo afectivo comienza aún antes del nacimiento, a partir del momento en que los adultos proyectan tener un niño.
Una de las primeras cuestiones nos lleva al deseo de la pareja por el niño que va a nacer y al contexto en el que ésta vive. Se oye hablar del niño sorpresa, del niño reparador de la pareja en dificultad, del niño presión sobre un cónyuge dispuesto a irse, de un niño nacido fuera del matrimonio, de los niños deseados y de todos los que han nacido en muchas situaciones diferentes.
Desde la concepción del niño, nacen en el seno mismo del sistema familiar y de la pareja en la cual el niño sobrevive, interacciones; éstas influyen como una impronta sobre el niño.
2. Durante el primer año de vida
El bebé vive miles de veces un ciclo de vínculo afectivo normal, cada vez que expresa una necesidad con sus llantos (hambre, frío, malestar, ganas de caricias…) y que su mamá alivia esta necesidad dándole lo que espera. El niño desarrolla así una confianza de base en su mamá, un sentimiento de seguridad que le permitirá, después del primer año, explorar su entorno.
3. Durante el segundo año de vida
Cada vez que los padres ponen límites al niño, un segundo ciclo de apego seguro se desarrolla, en el que el niño aprende poco a poco a controlarse y a respetar las reglas de la sociedad.
El niño necesita saber que su madre está ahí para protegerle, en este caso, poniéndole límites que le privan del peligro físico o social. Es importante destacar que los límites se refieren a la exploración del entorno (si voy a tocar un enchufe me dicen “no” y de esta manera me siento protegido) y a la interacción social del niño (si pego me dicen que “no” y de esta manera me siento guiado).
A partir de las experiencias diarias de cuidados maternos, de exploración, de búsqueda de proximidad o bien, de ausencia o ambivalencia de todo ello, el niño se construye un modelo operacional interno de su alrededor, de su madre y de él mismo.
Este modelo es la representación para el niño de lo que son las relaciones sociales en general y de lo que puede esperar de un lazo afectivo particular; la representación del mundo y de la seguridad o inseguridad que le genera.
A falta de interacción suficiente, el vínculo entre el bebé y su madre no se crea. El vínculo conseguido, es decir, la respuesta adecuada del entorno a todas las señales del niño, construye el sentimiento de confianza y de seguridad del bebé en sí mismo y de este modo afrontará mejor las separaciones y pruebas posteriores.
Existen, según el modelo, 3 tipos de apego:
-El apego seguro: Generalmente, un niño con un vínculo de apego seguro se preocupa o se disgusta ante la separación de su madre, cuando ella desaparece dejándole con un extraño el niño llora (puede ser posible consolarlo), y cuando ella vuelve corre a sus brazos. Si la madre está presente, explora el entorno con naturalidad pero conservando siempre un radio de acción. Se forma cuando el bebé encuentra siempre una respuesta a sus necesidades y demandas, de este modo confía en que su madre (o la persona que la sustituye) siempre estará ahí para cuidarle y esa confianza generada influye de forma definitiva en su personalidad. El vínculo de apego que tiene hace que se sienta seguro únicamente si su madre está presente o cerca porque ella es la persona que se ocupa de su supervivencia y su seguridad. En el futuro, estos niños tienen más posibilidades de ser autónomos solucionando sus problemas, ser sociables y tolerantes y tienen más probabilidades de lograr un buen desarrollo intelectual.
-El desapego o apego inseguro evitativo: Durante el juego no buscan a la madre para ver si está presente. Cuando la madre se marcha no muestra estar afectado y cuando vuelve rechaza el contacto o le deja indiferente. Este desapego está producido por un modelo de relación temprana basado en el rechazo y la insensibilidad hacia el llanto del niño, también se produce cuando hay abandonos. El abandono puede ser real o sólo así sentido por el bebé, que no siente a su madre presente ni pendiente de sus necesidades, bien por ser una madre ocupada, ausente por trabajo o una madre que cree en los métodos de dejar llorar al bebé para educarle. El niño, para defenderse del dolor que esto le produce, se cubre de aparente indiferencia. En la edad adulta suelen ser personas desconfiadas, desapegadas y con estilo autosuficiente.
-El apego ansioso ambivalente: Apenas exploran el entorno en presencia de la madre, su preocupación porque ella desaparezca en cualquier momento hace que no se alejen de ella. Cuando la madre se va, la ansiedad ante la separación es muy intensa (sin consuelo posible), sin embargo cuando vuelve, la rechazan a modo de castigo. Las madres de este grupo son ambivalentes, en ocasiones cálidas y en otras insensibles, dependiendo más de su propio humor que de la demanda del bebé. Ante la exploración del entorno, se muestran ansiosas y sobreprotectoras, no permitiendo que se dé un alejamiento y movimiento naturales. De este modo, el niño desarrolla una dependencia inmadura para conservar la atención de su madre, pues descubre que no siempre puede contar con ella y se siente inseguro. En la edad adulta estas personas necesitan continuas muestras de afecto para sentirse bien, su modelo mental no ve al otro como alguien estable y disponible, y cualquier conducta ambivalente del otro se interpreta como un rechazo total.
-Existe un último grupo, menos común, que es el apego desorganizado: consiste en una combinación de los dos anteriores y provoca grandes trastornos emocionales y de conducta. Se produce cuando existen grandes desajustes emocionales en la madre o en la familia en general.
Al analizar nuestro propio modelo de familia o cualquier otro, debemos tener en cuenta que:
- nadie es absolutamente estable ni está disponible todo el tiempo, hablamos de conductas permanentes y repetidas pero no omnipresentes;
- las relaciones se producen en dos direcciones, con lo que el carácter y las respuestas que da el bebé también influyen en los modelos de relación;
- cada bebé posee una determinada capacidad de resiliencia, que significa la capacidad para resistir el estrés, frustraciones y problemas de la vida sin quedar por ello alterado de forma profunda.
Si descubrimos en nuestra infancia un determinado modelo de apego que nos está influyendo de forma negativa, analizarlo es el primer paso para el cambio. En cualquier caso, y dado que los patrones de relación vividos tienden a reproducirse con los hijos, lo más importante será ser conscientes de ello y tratar de mejorar en nuestro papel de padres.
Si descubrimos en alguno de nuestros hijos un modelo de apego no seguro, sea por la causa que sea, debemos tomar conciencia de ello y saber que casi siempre es posible restablecer el vínculo, aunque nos llevará tiempo y paciencia. La asociación PETALES trabaja con familias cuyos hijos tienen trastornos del vínculo de apego. También la psicóloga experta en prevención infantil Yolanda González, puede brindar una excelente ayuda en estos casos.
26.10.08
Hablar de la muerte a los niños
Dice: “Si la pregunta es sobre la muerte, y acaba de morir alguien al que el niño quería mucho, independientemente de vuestra convicción religiosa, o incluso si sois los ateos más convencidos del mundo, lo que el niño necesita pensar en ese momento es que se volverán a ver. Para él, es mucho más tranquilizador pensar que algún día volverá a encontrar a su abuelo, su abuela, su gatito… De cualquier modo, tendrá toda su vida para decidir si pensar que todo termina con la muerte o no pero, de momento, la idea de una disolución total le provocaría demasiada angustia. Puesto que nadie puede tener una certeza sobre el más allá, no hay por qué angustiarlo inútilmente.
En situaciones normales, la muerte puede presentarse como algo natural, sin necesidad de insistir en ideas truculentas.
El cuerpo acaba de funcionar (los músculos se relajan, el corazón deja de latir), en fin, se para… habitualmente pasa cuando se es muy viejo y es el momento de descansar.
No hay que decir algo como: La abuela sólo está durmiendo porque la pregunta siguiente, lógicamente, sería: ¿Y cuando despertará? Y podría empezar a tener miedo del sueño y de no volver a despertar jamás.
Tampoco son adecuadas frases del estilo: Se ha ido de viaje porque, especialmente para un niño pequeño, resulta muy poco gentil que alguien al que quiere mucho prefiera hacer todos estos grandes viajes a quedarse con él… ¡y qué viajes tan largos los de la abuela, con la edad que tiene! Tampoco es creíble; y los niños no son estúpidos y no hay que tomarles el pelo.
Entonces, es mejor decir simplemente: Ha muerto.
Pero para tranquilizar sobre el hecho de que se trata de un hasta luego y no de un adiós definitivo, de una desaparición total e ineluctable, se pueden decir cosas como: La abuela ha muerto, pero morir es algo natural, y algún día volveremos a vernos todos.
Hemos de tener en cuenta que, en otras culturas, se hacen grandes fiestas por la muerte de alguien, y todos están felices por el muerto, que ha pasado a estar mucho mejor. Pero nosotros vivimos en nuestra cultura y no podemos exigir felicidad y risas. De cualquier modo, intentando evitar los excesos delante de los niños, si se presenta un llanto o una manifestación de dolor, como es normal, lo mejor es decir algo del estilo: No, mira, querido, la abuela está muy bien donde está, lo que pasa es que a mí me hace falta, y por eso en este momento estoy muy triste y llorando; pero ahora vamos a jugar, así no pensaré en ello…”
Está claro (y éstas ya son mis palabras) que hablar de la muerte a los niños es una de las cosas más difíciles a las que nos tenemos que enfrentar. Los principios de naturalidad, sencillez y mensajes positivos son la mejor guía. Espero que os haya ayudado este artículo, que escribo en recuerdo a Xana, que a partir de ahora nos cuida desde las estrellas. Gracias Xana por todo el amor desinteresado que le diste a mi familia y por los 8 preciosos cachorros que has dejado en este mundo. Todos te echaremos de menos.
19.10.08
Tus hijos
son hijos e hijas de la vida,
deseosa de sí misma.
No vienen de tí,
si no a través de tí.
Y aunque estén contigo,
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor
pero no tus pensamientos, pues
ellos tiene sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos
pero no sus almas, porque ellas
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar,
ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos
pero no procures hacerlos semenjantes a tí.
Porque la vida no retrocede
ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación,
en tu mano de arquero,
¡sea para la felicidad!
(Jalil Gibran, Poeta libanés 1883-1931)
12.10.08
6 FORMAS DE AYUDAR AL NIÑO ENFADADO

1 AYUDA A TU HIJO A SENTIR PAZ INTERIOR
Diversas investigaciones han demostrado, y nuestra experiencia lo confirma, que tanto los hijos que se sienten conectados, como sus padres, se enfadan unos con otros menos. El hijo conectado, que crece con sensación de bienestar, tiene un modelo de paz. Él se enfadará, pero aprende a manejar ese enfado de forma de tal forma que esa ira no se apodere de su personalidad. Los padres conectados conocen bien a su hijo, así que tienen menos tendencia a generar situaciones que les lleven a ellos y a sus hijos hacia el enfado. Los padres que crían con apego saben que no es necesario ser severo para mantener el control. Los niños no conectados actúan desde una confusión interior. En su interior, el niño siente que le falta algo importante y la ira se apodera de él (Este sentimiento puede continuar una vez es adulto). Este vacío es probable que se revele en sí mismo como rabia hacía sí mismo y sus padres, llevando a todos hacia el riesgo de convertirse en una familia irritada.
2 NO DEJES QUE TU HIJO CARGUE CON DEMASIADA RABIA
Anima a tu hijo a reconocer cuándo está enfadado, empezando desde bien pequeño. Escúchale con atención, ayúdale a trabajar esos sentimientos. Ante una audiencia dispuesta, que empatiza en vez de juzgar, los niños a menudo hablan de lo que llevan dentro. Nuestro hijo de ocho años, Matthew, insistía en ver cierto programa de TV. Yo no estaba de acuerdo y él se enfadó. Matt sentía que tenía que ver ese programa. Yo sentía que el contenido del programa era perjudicial para su crecimiento y su harmonía familiar. Escuché atentamente y sin juzgar lo que Matt suplicaba. Una vez habló, también lo hice yo. Con calma, expuse mi punto de vista, transmitiendo a Matt que entendía su punto de vista aunque no lo compartía. Le hice varias preguntas como “¿Por qué el programa es tan importante para ti?” “¿Puedes pensar en alguna actividad más divertida que ver el programa?” “Matt, ¿entiendes por qué no quiero que veas el programa?” “¿Estás aburrido? Si es así, yo tengo una idea…”. Gradualmente Matt se dio cuenta de que el programa no valía la pena. A medida que el diálogo fue continuando, sus ojos se secaron y su cara se fue relajando. Estoy seguro también de que el número de pulsaciones bajó. Finalizamos riéndonos de la situación, de cómo un estúpido programa le había hecho sentir ira. Salimos a jugar fuera.
3 BUSCA DEBAJO DEL “MAL” CHICO
Los niños que habitualmente se portan mal son normalmente niños enfadados. Si tu hijo parece “malo” todo el tiempo o tú “no sabes qué más hacer” o tu hijo parece retraído, busca debajo de la superficie lo que está haciendo sentir rabia a tu hijo. Realizando counselling a padres de estos hijos, me he encontrado con dos causas: hay mucha rabia en la familia – madre y/o padre están al borde todo el tiempo y los chicos incorporan esos sentimientos como parte de sí mismo; o el chico se siente enfadado porque su sensación de bienestar está amenazada. Ayudar a chicos que se portan mal repetidamente o parecen “malos” más que “buenos” a menudo empieza por una revisión de toda la familia. Haz inventario de las influencias en la vida de tu hijo. ¿Qué hace crecer su autoestima? ¿Qué la hace disminuir? ¿Qué necesidades no están siendo reconocidas? ¿Qué tipo de ansiedad interior es la raíz de su ira? La rabia es sólo la punta de iceberg y avisa de las necesidades de las que nos tenemos que ocupar bajo la superficie. La rabia interna a menudo hace que un niño se retraiga. En una lucha para rechazar los ataques a su tambaleante autoimagen, este niño se pone una coraza protectora. En la superficie puede parecer calmado, pero dentro de él hay una válvula a presión de emociones que necesitan ser encauzadas o reconocidas. Para mantener el control, el niño se retira, evitando la interacción que puede dispararle. Por este motivo, recomendamos poner los ojos dentro de la mente de vuestros hijos -las cosas pueden parecer diferentes según la perspectiva desde la que se mire. Para un niño es devastador sentir que es “malo”. A no ser que ese sentimiento se invierta, el chico crece actuando tal y cómo se espera de él. Para sacar ese sentimiento de ser “malo” puedes intervenir de forma tranquilizadora “tú no eres malo, sólo eres pequeño, y las personas pequeñas a veces actúan de forma boba. Pero papá te ayudará a dejar de actuar así y así crecerás sintiendo que eres la maravillosa persona que sé que eres”. Esto manda el mensaje a tu hijo de que te preocupas en buscar al buen chico debajo del mal comportamiento.
4 LA RISA, LA MEJOR MEDICINA ANTE EL ENFADO
El humor difumina el enfado. A nuestros hijos les encantan los espaguetis (cuanto más mancha la salsa, más les gustan). Una vez, durante la cena, dejamos como encargados a los mayores de los dos pequeños (2 y 5 años) que estaban jugando con su comida. Como a menudo pasa en las familias numerosas, el mayor delegó la responsabilidad en el siguiente, y así respectivamente. Lauren y Stephen al final estaban sin nadie que les supervisara, así que hubo frenesí a costa de los espaguetis. Cuando descubrimos lo que había pasado, preguntamos a los mayores. Nosotros les gritamos y ellos se gritaban entre sí. Lauren y Stephen se esforzaron por enseñar a sus hermanos mayores su salsa cubriendo sus mejillas, pelo, frente. Todos comenzamos a reir y trabajamos juntos, con buena actitud, en limpiar a los niños y todo el follón. Ahora, cuando delegamos la autoridad, tratamos de estar seguros que el niño tiene una edad suficiente para asumir la responsabilidad.
5 MODELA EXPRESIONES APROPIADAS PARA EXPRESAR ENFADO
El enfado expresado de forma inapropiada bloquea tu habilidad para enseñar de forma efectiva. Por ejemplo, tu hijo de 4 años hace algo sin sentido. Cubre al perro con salsa de espaguetis, y el perro acaba dejando sus huellas llenas de salsa en la alfombra blanca. Este no es el momento de estallar. Cuanto más grave es la situación, más necesario se hace tener la mente clara para evaluar las opciones y manejar la situación. Cada situación es diferente, y debes ser capaz de pensar de forma clara para poder reaccionar de la forma que se adecúe mejor a la situación. La rabia nubla la capacidad de pensar. Las cosas dichas sin pensar a consecuencia de esa rabia hacen que las situaciones se vayan de las manos. Pegas al perro (lo que causa que corra por la habitación, manchando más con la salsa que lleva en el pelo); le das una palmada en el trasero al niño y lo mandas a su habitación (lo que te deja limpiando todo el desastre solo). En ese momento todo el mundo se siente maltratado. Un enfoque menos desbocado usando la cabeza y unas dosis de humor: rápidamente agarras al perro y lo llevas al baño, pidiendo al niño que te acompañe (con la voz más suave posible) a limpiar al perro y la alfombra. Tu hijo aprende cómo manejar una crisis y cuánto cuesta limpiar una situación semejante. Una rabieta por tu parte no va deshacer lo ocurrido, sólo a agravarlo.
El enfado pone una barrera entre padres e hijos. Nuestros hijos nos enseñaron esa lección. Vimos que existía distancia entre nosotros y nuestro hijo de 17, Peter. No nos estábamos comunicando con facilidad. Nuestra, por aquel entonces, hija de 14 nos dijo: “Él se queda en su habitación para escapar de los gritos. Se siente mal porque estáis enfadados y gritais”. Nosotros no nos habíamos visto a nosotros mismos como unos padres enfadados, como una familia gritona, pero Peter sí lo vivía así, así que evitaba la interacción con la familia para preservar su paz interior. Hayden nos explicó en dos palabras cómo el enfado distancia, especialmente con chicos como Peter, de carácter tranquilo. Hayden nos hizo replantearnos cómo expresábamos nuestras emociones. Tuvimos una reunión familiar, para comentar que los gritos parecían un problema que nosotros necesitábamos solucionar, nos disculpamos por ellos y hablamos sobre cómo cambiar.
También queríamos que nuestros hijos se sintieran seguros para acercarse a nosotros, sin importar qué habían hecho o cómo se sintieran. Así que nos prometimos eliminar el factor miedo: “Este es el acuerdo. Prometemos no interrumpir mientras estáis hablando. Escucharemos con calma todo aquello que queráis decirnos. No gritaremos”. No cambiamos de la noche a la mañana, y aún “explotamos” de vez en cuando. Cuando esto ocurre, nos disculpamos y nos movilizamos. Las muestras de enfado asustan a los niños y les ponen a la defensiva. Ellos retrocederán a un caparazón protector o crecerán asumiendo ese enfado como parte de su personalidad. Una vez se eliminó la barrera del miedo, Peter empezó a salir de su habitación. Y continuamos trabajando en nuestra forma de comunicarnos. Aprendimos a decir de forma calmada: “me siento enfadado cuando tú…” Los niños y las parejas necesitan saber qué te hace sentir enojo. Ellos no necesitan ver tu rabia explotando en ellos. Los niños pequeños se sienten devastados ante las muestras de rabia fuera de control de sus padres. Sienten que sus padres han dejado de quererles, que les van a herir o dejar. Tú no quieres que tu hijo vea sus sentimientos alterados porque está asustado de qué puede hacerte perder el control. Los adultos deben ser responsables de controlarse a sí mismos. Los niños no deberían estar en una situación donde se les haga sentir responsables del control de la rabia de los mayores. Eso introduce patrones disfuncionales en el crecimiento de tu hijo. Si tu enfado está fuera de control y estás asustando a tu hijo, busca ayuda. Tienes que aprender que no es erróneo sentir enojo, incluso siendo adulto (recuerda, tienes corazón). Desgraciadamente a muchos de nosotros nos enseñaron de niños que los sentimientos negativos son malos, pecaminosos o espantosos. El enfado en sí mismo no es algo malo- es una respuesta normal-. Lo que puede llegar a ser muy malo es lo que hacemos con ese sentimiento. Permanecer en calma aparente ante cualquier sentimiento (rabia, miedo, incluso amor) es una medida de madurez emocional. Tu hijo aprenderá cómo manejar su enfado viendo cómo lo manejas tú. Nuestra meta es conocer y comunicar nuestros sentimientos (de esta forma nuestros hijos verán que somos personas) y al mismo tiempo enseñar en qué tipo de personas queremos que se conviertan.
Si tu hijo y tú tenéis una relación sana, no te preocupes porque un arrebato ocasional vaya a dañar a tu hijo. En realidad, es saludable que sepa que estás enojado o rabioso, siempre que no dañe a tu hijo. Un ejemplo de cómo una madre (ella y su hijo tienen una relación sana y basada en el apego) manejó su rabia:
"Cuando mi hijo tenía 3 años, me sentía exasperada por su comportamiento. Se encontraba en lo que mi marido y yo llamamos un “descenso” : una bajada temporal de madurez y juicio. Ese día estaba especialmente chinchoso. Después de varios “tiempos muertos” le llevé a su habitación. Le senté en la cama. Corrió hacia la puerta. Lo intenté de nuevo, con más firmeza. Él hizo lo mismo. Le senté de nuevo en la cama y le dije: ¡escucha! ¿Crees que para mí esto es un juego? ¡No lo es! ¡De hecho, odio hacer esto! ¿Sabes por qué estoy aquí? ¿Sabes por qué me voy a mantener así hasta que hagas lo correcto? Porque te quiero y no me voy a quedar parada viendo como creces y actúas como un imbécil!” Estaba furiosa y no podía parar de decir “te quiero” con ira. Pero cuando Sammy oyó la palabra “imbécil”, empezó a reir. No fue una risa tipo “¿qué me va a pasar?”, sino una risa sincera, de algo divertido. Me dí cuenta de que nunca había oído la palabra “imbécil” antes. ¿Qué pensaría que quería decir?. Tomada literalmente, supongo que se hizo una imagen mental bastante cómica. Esta pequeña situación nos dio la oportunidad de tomarnos un respiro, calmarnos y resolver la situación con “te quieros” calmados y abrazos."
6 ALIGERA EL PERFECCIONISMO
SACADO DE LA WEB ASK DR. SEARS Y TRADUCIDO POR MAITE
8.10.08
Binta y la gran idea
Binta y la gran idea es un corto de Unicef nominado a los Oscar. Cada detalle de este video es una lección de humildad y humanidad. Os invito a verlo y a emocionaros, como yo lo hice, con el espectacular final.
3.10.08
Ser maestra
Este curso que comienza, una vez más, tengo el privilegio de que me admiren…

Debo esforzarme por hacer llegar mi mensaje a todos…

Y repetirlo cuantas veces haga falta.
Me preocupo porque no se agobien, ni se aburran…

Buscando el interés particular de cada uno.
Hago de todo por llamar su atención…

Y por las noches, mirando al techo…
Pienso en la mejor forma de reciclarme y de innovar.
Una clase es como una convención de las Naciones Unidas, hay representantes de todos los tipos, hay que llegar a acuerdos constantes…
Aunque ser maestra es difícil, te ríes un montón y te enamoras de todos. Me espera un bonito curso por delante. Espero no defraudarles.