26.10.08

Hablar de la muerte a los niños

Nuestra perra Xana, una Golden Retriever de apenas 2 años, murió ayer de forma repentina e inesperada. A la amarga sorpresa y el dolor que sentimos se une la preocupación por nuestra hija que pronto cumplirá 3 años. ¿Cómo le comunicamos la noticia? ¿Qué decimos exactamente? ¿Es muy pequeña para hablarle de la muerte de un ser querido? ¿Será un dolor demasiado grande para una niña tan pequeña? Todas estas preguntas me asaltan sin parar. Ante este hecho, he rescatado una parte del maravilloso libro de Paola Santagostino “¿Por qué los niños hacen tantas preguntas? y Cómo dar las respuestas adecuadas” En él se hace un análisis exhaustivo de la intencionalidad de las preguntas infantiles, de los tipos de respuesta que podemos dar y cómo hablar con nuestros hijos. Contempla también algunos casos especiales, como el divorcio, la adopción y la muerte.

Dice: “Si la pregunta es sobre la muerte, y acaba de morir alguien al que el niño quería mucho, independientemente de vuestra convicción religiosa, o incluso si sois los ateos más convencidos del mundo, lo que el niño necesita pensar en ese momento es que se volverán a ver. Para él, es mucho más tranquilizador pensar que algún día volverá a encontrar a su abuelo, su abuela, su gatito… De cualquier modo, tendrá toda su vida para decidir si pensar que todo termina con la muerte o no pero, de momento, la idea de una disolución total le provocaría demasiada angustia. Puesto que nadie puede tener una certeza sobre el más allá, no hay por qué angustiarlo inútilmente.

En situaciones normales, la muerte puede presentarse como algo natural, sin necesidad de insistir en ideas truculentas.
El cuerpo acaba de funcionar (los músculos se relajan, el corazón deja de latir), en fin, se para… habitualmente pasa cuando se es muy viejo y es el momento de descansar.

No hay que decir algo como: La abuela sólo está durmiendo porque la pregunta siguiente, lógicamente, sería: ¿Y cuando despertará? Y podría empezar a tener miedo del sueño y de no volver a despertar jamás.

Tampoco son adecuadas frases del estilo: Se ha ido de viaje porque, especialmente para un niño pequeño, resulta muy poco gentil que alguien al que quiere mucho prefiera hacer todos estos grandes viajes a quedarse con él… ¡y qué viajes tan largos los de la abuela, con la edad que tiene! Tampoco es creíble; y los niños no son estúpidos y no hay que tomarles el pelo.

Entonces, es mejor decir simplemente: Ha muerto.

Pero para tranquilizar sobre el hecho de que se trata de un hasta luego y no de un adiós definitivo, de una desaparición total e ineluctable, se pueden decir cosas como: La abuela ha muerto, pero morir es algo natural, y algún día volveremos a vernos todos.
Y para tranquilizar sobre el concepto de que, de todos modos, esto no le pasará a él también enseguida, y tampoco a su madre o a su padre, etcétera, se puede añadir: De cualquier modo, puedes estar tranquilo: para nosotros aún queda mucho tiempo… así que ahora no debes pensar en eso.
Sobre el tema del inevitable dolor del duelo, es mejor no exhibirse en exageradas demostraciones de aflicción delante de los niños, porque difícilmente las pueden comprender. Ellos no tienen una idea clara de la muerte y, viendo demasiado dolor, sólo se crean la idea de que se trata de algo terrible que le ha pasado al muerto, y por eso todos lloran.

Hemos de tener en cuenta que, en otras culturas, se hacen grandes fiestas por la muerte de alguien, y todos están felices por el muerto, que ha pasado a estar mucho mejor. Pero nosotros vivimos en nuestra cultura y no podemos exigir felicidad y risas. De cualquier modo, intentando evitar los excesos delante de los niños, si se presenta un llanto o una manifestación de dolor, como es normal, lo mejor es decir algo del estilo: No, mira, querido, la abuela está muy bien donde está, lo que pasa es que a mí me hace falta, y por eso en este momento estoy muy triste y llorando; pero ahora vamos a jugar, así no pensaré en ello…”

Está claro (y éstas ya son mis palabras) que hablar de la muerte a los niños es una de las cosas más difíciles a las que nos tenemos que enfrentar. Los principios de naturalidad, sencillez y mensajes positivos son la mejor guía. Espero que os haya ayudado este artículo, que escribo en recuerdo a Xana, que a partir de ahora nos cuida desde las estrellas. Gracias Xana por todo el amor desinteresado que le diste a mi familia y por los 8 preciosos cachorros que has dejado en este mundo. Todos te echaremos de menos.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

ANA ESTAMOS TODOS DISGUSTAOS,PERO CLAUDIA NO SE COMO SE LO VAS A DECIR, UN BESO.FLOR

Anónimo dijo...

Que artículo tan bonito.
Un besín.
Ana A.

Esther dijo...

Gracias Ana, haber cómo hago por que creo que ya sabe cómo se forman las estrellas....
Para mí ha sido muy reconfortante leer los dos artículos.
Besos.lEsther

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