7.6.09
Parir en paz
16.5.09
Derechos del Niño Hospitalizado

Esta Carta recoge 24 derechos fundamentales que deben ser defendidos y aplicados en toda hospitalización infantil. Curiosamente, se pueden ver carteles con estos derechos en las paredes de las plantas de ingreso infantil de casi todos los hospitales. Me pregunto para qué, si luego no se aplican; si luego se establecen protocolos obsoletos y modos de actuar completamente contrarios a esta política; si el respeto por el bienestar del menor y la información ofrecida tanto al niño (en palabras que pueda entender) como a sus padres, es obviada en la mayoría de los casos.
Me pregunto a qué se debe esta ocultación continua de información. Si se debe a la necesidad de ahorrar tiempo o esfuerzos, o bien a la intención de actuar sin que nadie (ni el menor ni sus padres) puedan poner en cuestionamiento dichas actuaciones.
Quiero resaltar aquí que:
- Tenemos derecho a ser informados y consultados antes de cualquier actuación, por mínima que sea, que afecte a nuestros hijos.
- Tenemos derecho a que nos sea ofrecida una alternativa a dicha intervención o medicación en caso de que la ofrecida no nos convenza. (La Ley 41/2002, básica reguladora de la Autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica)
- Tenemos derecho, y debemos, a negarnos a cualquier cosa que no nos parezca bien y no por ello se nos dará el alta hospitalaria ni se nos ofrecerá un trato peor.
- Tenemos derecho a acompañar a nuestros hijos en todo momento. Esto redundará en su tranquilidad y bienestar. Ellos tienen derecho.
- Los niños tienen derecho a que se les trate con amabilidad, a que se les dedique el tiempo necesario y a que se les explique, en palabras adecuadas a su edad, todo lo que se les va a hacer. Incluso si son bebés son seres inteligentes que sienten y sufren todo lo que les está pasando y merecen una explicación. Sí, siempre.
8.4.09
NO ES VERDAD, Manifiesto pedagógico
Las organizaciones y personas que firmamos este Manifiesto (docentes, madres, padres, estudiantes y ciudadanía en general) estamos profundamente preocupados por la difusión de creencias sobre la escuela española que distorsionan gravemente la realidad. Se está generalizando una forma de pensar según la cual hoy en la escuela se enseñan pocos contenidos, se hacen actividades irrelevantes, los niveles de exigencia bajan, los alumnos y alumnas son peores que los de antes y hay “mucha pedagogía” y poca enseñanza.Nos preocupa particularmente la actitud de determinadas personas con impacto mediático (pertenecientes al ámbito de la literatura, de la universidad, de la intelectualidad, etc.) que divulgan estas creencias con argumentos muy pobres, a veces incluso insultantes, poniendo en evidencia una visión poco rigurosa sobre la escuela y sobre los procesos que en ella tienen lugar. Nos preocupa, en fin, que la educación, a diferencia de otras actividades de gran incidencia social como la medicina o la justicia, sea analizada y valorada socialmente desde concepciones simples y caducas.
Por todo ello, hemos decidido manifestarnos colectivamente y hacer pública nuestra opinión, afirmando lo siguiente:
No es verdad que en la escuela española actual predomine un modelo de enseñanza diferente al tradicional
La creencia de que en los últimos tiempos se practica una enseñanza descafeinada y permisiva, donde ya no se valora “el conocimiento de toda la vida”, es un mito sin fundamento. Ocurre más bien lo contrario. A pesar de que hay importantes argumentos en contra de la forma tradicional de enseñar, la cultura escolar dominante en España sigue basándose en la transmisión directa de contenidos inconexos y, no pocas veces, desfasados e irrelevantes, en el aprendizaje mecánico y repetitivo, en la evaluación selectiva y sancionadora y en la prolongación de la jornada escolar de los menores con abundantes deberes y tareas. La mayoría de los alumnos y alumnas siguen teniendo grandes dificultades para comprender lo que se les enseña y, como siempre ha ocurrido, acaban identificando el saber con la capacidad de retener información hasta el día del examen.
La idea de que la LOGSE ha impregnado la enseñanza no universitaria de una práctica pedagógica que abandona el esfuerzo y que se basa en “el todo vale” es un lugar común que no se corresponde con la realidad. El ideario psicopedagógico de esta ley, por más que planteaba cambios de gran interés, nunca llegó a penetrar en la mayoría de las aulas, en gran parte porque la mejora de la escuela no es básicamente una cuestión de leyes sino de cambio cultural, social y comunitario.
No es verdad que en la escuela española hayan bajado los niveles de exigencia
Basta comparar los libros de texto de hoy con los de antes para comprobar que cada vez se pretende enseñar más contenidos, con formulaciones más abstractas y en edades más tempranas. Muchos padres y madres no entienden los libros de texto que con frecuencia protagonizan las tardes familiares. Cada vez es más difícil para los docentes acabar el programa del curso. Cada vez es más pesada la carga académica de los estudiantes. Cada vez hay más asignaturas.
La idea de que “los niveles bajan” trata de dar una explicación fácil al evidente fracaso de la escuela. En cada nivel educativo los docentes comprueban la debilidad del conocimiento de gran parte del alumnado. Pero los estudiantes fracasan, precisamente, porque el modelo de enseñanza transmisivo y tradicional, y no otro, no provoca en ellos un aprendizaje duradero y de calidad. Esto siempre ha sido así. No entender las explicaciones de clase, no encontrarle sentido a muchos contenidos escolares, estudiar mecánicamente sólo para los exámenes, olvidar rápidamente lo aprendido y tener que empezar desde cero en cada curso, son experiencias compartidas por muchas personas. Sin embargo, estas experiencias tienden a olvidarse cuando se analiza el fracaso de los estudiantes de hoy.
La incompatibilidad entre el buen aprendizaje y la enseñanza tradicional, que siempre ha existido, se ha venido incrementando en los últimos tiempos. Muchos piensan que la incorporación a la escuela de los hijos e hijas de la marginalidad, de los inmigrantes y de los que tienen capacidades diferentes ha influido en que el fracaso escolar aumente. Sin embargo, esta incorporación, además de suponer un avance social, ha servido para sacar a la luz con más claridad lo que estaba difuso: que la enseñanza tradicional no promueve un aprendizaje de calidad en la mayoría de los estudiantes, sean cuales sean sus circunstancias.
Al mismo tiempo, en un mundo globalizado, donde la información circula por internet, donde la comunicación se ha hecho virtual, donde los graves problemas de la humanidad tienen carácter interdisciplinar, donde las certezas absolutas han desaparecido y nos enfrentamos a un futuro crítico, incierto y complejo, la escuela sigue anclada en contenidos y métodos del pasado.
El fracaso escolar, por tanto, no se explica por que los niveles de exigencia bajen, ni por que la escolarización se extienda a más estudiantes y durante más tiempo, sino por que el modelo educativo vigente hace tiempo que ha caducado.
No es verdad que los alumnos y alumnas de ahora sean peores que los de antes
Son diferentes, pero no peores. Los niños, niñas y jóvenes de hoy, y los de antes, son el producto de la sociedad en la que viven. Juzgarlos negativamente como colectivo es un ejercicio simplista y una forma de ocultar la responsabilidad de la sociedad adulta. La incitación permanente al consumo (piénsese, como ejemplo dramático, en los anuncios sobre los juguetes navideños), la diseminación continua de la cultura del éxito, del triunfo y de la superficialidad, la conversión de los niños, niñas y adolescentes en objetivos permanentes del mercado y la forma de vida acelerada y estresante propia de los adultos con los que viven son, entre otras, realidades que influyen poderosamente en su desarrollo.
La sociedad manifiesta una cierta actitud hipócrita: se ve reflejada en el espejo de niños, niñas y jóvenes y, a veces, no le gusta lo que ve, pero, en vez de analizar las causas, arremete contra la imagen que se proyecta en ellos. En la escuela esto es especialmente grave. A través de los medios de comunicación se ha favorecido una alarma social injustificada en relación con la conducta de los estudiantes. Temas como la falta de respeto hacia los docentes, el acoso entre iguales, la violencia escolar, etc., aun siendo problemas reales que siempre han existido y que, posiblemente, ahora son más frecuentes, se han sobredimensionado, convirtiéndolos en productos de consumo a través del periodismo sensacionalista. Junto a estos fenómenos existen multitud de casos de estudiantes comprometidos, de jóvenes interesados por el medio ambiente e implicados en las ONG, de niños y niñas concienciados con los problemas de la salud y de las drogas, etc. que son insuficientemente resaltados, fomentándose así un estereotipo social sesgado y negativo sobre los menores. No podemos olvidar que los niños, niñas y jóvenes son modelados y formados por toda la sociedad. Demonizarlos es un recurso fácil para eludir nuestra responsabilidad.
Al mismo tiempo, el desapego de muchos estudiantes hacia la cultura transmisiva y tradicional de la escuela, oculto en otros tiempos debido al carácter autoritario y represivo de la época franquista, se pone de manifiesto hoy de forma más radical. Este desapego, más que confirmar que el alumnado de hoy “es peor que el de antes”, como muchos creen, es la evidencia más clara del abismo que separa a la sociedad de la escuela y a los asuntos relevantes de hoy, de los contenidos y métodos escolares convencionales.
No es verdad que los docentes españoles tengan un exceso de formación pedagógica y un déficit de formación en contenidos
Todo lo contrario. Los profesores de secundaria, por ejemplo, después de cinco años de formación en una licenciatura centrada en los contenidos (Filosofía, Matemáticas, Historia, etc.) sólo han recibido, en el mejor de los casos, un curso de dos meses de duración donde se comprimen aspectos tan importantes para su futuro profesional como los siguientes: la psicología de niños, niñas y adolescentes; la importancia de la dimensión afectiva y social en el aprendizaje y en la autoestima; los diferentes modelos pedagógicos y didácticos que existen y sus resultados; la manera de seleccionar y formular los contenidos; el diseño de actividades para el aprendizaje de materias concretas; el uso didáctico de diferentes tipos de recursos, incluidos aquellos más próximos a la cultura cotidiana de los estudiantes; las formas de evaluar y sus repercusiones en la formación de alumnos y alumnas; las tendencias innovadoras en educación; la dinámica de los grupos humanos y el trabajo cooperativo; el funcionamiento de los centros y las relaciones con las familias y las normas legales existentes sobre el sistema educativo.
Pero hay más. En una profesión centrada en la práctica, los docentes de secundaria y de primaria han tenido una formación muy poco vinculada a los centros escolares (sería inimaginable algo similar en la formación de los médicos, por ejemplo). Por lo demás, en la universidad, donde, no lo olvidemos, se forma a los futuros docentes, no es necesaria ninguna formación pedagógica o didáctica para ser profesor.
Es de justicia reconocer aquí el esfuerzo realizado por los docentes de nuestro país que han intentado dar respuestas a los problemas profesionales de su trabajo a pesar de su insuficiente formación inicial, de la cual, obviamente, no eran responsables.
No es verdad, por tanto, que haya un exceso de formación psicopedagógica y didáctica. Somos, en este sentido, una anomalía en relación con otros muchos países. Por eso, consideramos necesaria una profunda y urgente reforma de la formación inicial del profesorado que asuma, por fin, que para enseñar no basta con saber el contenido.
La escuela y la universidad necesitan un cambio
Un cambio profundo. El fracaso escolar no sólo se manifiesta por los que abandonan o suspenden, también por los que aprueban sin haber conseguido un aprendizaje duradero y de calidad.
El cambio que proponemos no puede venir de la mano del modelo tradicional, como reclaman algunos, ignorando que dicho modelo es el responsable del fracaso actual. Tampoco aplicando políticas neoliberales de mercantilización de lo educativo, como puede observarse en determinadas Comunidades Autónomas y en aspectos sustanciales de la reforma universitaria actual, ni trasladando a la escuela modelos neotecnológicos y empresariales de planificación y control de calidad, como es el caso de la implantación de incentivos salariales vinculados al rendimiento académico del alumnado. Las personas y su educación no son mercancías y la enseñanza y el aprendizaje no son meros procesos técnicos y productivos. El cambio ha de venir de la recuperación y actualización de aquellas ideas y experiencias que han demostrado su capacidad transformadora. La Institución Libre de Enseñanza, la Escuela Nueva, la Escuela Moderna, las Misiones Pedagógicas, los Movimientos de Renovación Pedagógica, etc. son, entre otros, algunos ejemplos valiosos de nuestro pasado. Las aportaciones de ilustres docentes e investigadores como Giner de los Ríos, Freire, Freinet, Montessori, Rosa Sensat, Piaget, Vygotsky, entre otros muchos, o de intelectuales de prestigio mundial como Morin, también pueden iluminar este proceso de cambio.
Algunos principios orientadores de la escuela que necesitamos son los siguientes:
1. Centrada en los estudiantes y en su desarrollo integral (corporal, intelectual, social, práctico, emocional y ético).
2. Con contenidos básicos vinculados a problemáticas relevantes de nuestro mundo, buscando la calidad frente a la cantidad, la integración de materias frente a la separación.
3. Con metodologías investigativas que promuevan aprendizajes concretos y funcionales, al mismo tiempo que capacidades generales como la de aprender a aprender. Donde el esfuerzo necesario para aprender tenga sentido.
4. Con recursos didácticos y organizativos modernos y variados. Una escuela que utilice de forma inteligente y crítica los medios tecnológicos de esta época.
5. Con formas de evaluación formativas y participativas que abarquen a todos los implicados (estudiantes, docentes, centros, familias y administración), que impulsen la motivación interna para mejorar y que contemplen a las personas en todas sus dimensiones.
6. Con docentes formados e identificados con su profesión. Mediadores críticos del conocimiento. Dispuestos al trabajo cooperativo y en red. Estimulados para la innovación y la investigación.
7. Con una ratio razonable y con profesorado ayudante y en prácticas. Con momentos para diseñar, evaluar, formarse e investigar.
8. Con un ambiente acogedor, donde los tiempos, espacios y mobiliarios estimulen y respeten las necesidades y los ritmos de los menores.
9. Cogestionada con autonomía por toda la comunidad educativa. Que promueva la corresponsabilidad del alumnado. Comprometida con el medio local y global.
10. Auténticamente pública y laica. Con un marco legal mínimo basado en grandes finalidades y obtenido por un amplio consenso político y social."
31.3.09
Otra escuela es posible

20.3.09
Enseñando a vivir la vida
Esta maravillosa conferencia de Randy Paush no está directamente relacionado con la infancia, pero he decidido ponerlo porque muchos de sus mensajes van dirigidos a ella.
Pensar como un niño, soñar como un niño, corregir a nuestros niños como un esfuerzo de amor, transmitir a nuestros hijos la fuerza y la alegría de vivir, transmitirles el valor del esfuerzo personal, tener una relación cercana y de amor, respetar a nuestros niños, fomentar su creatividad, dar menos importancia a las cosas y más a las personas, no culpar a los niños de sus errores cuando ya se sienten suficientemente culpables, ser sinceros con ellos, pedirles perdón (también los niños merecen una sincera disculpa) y, sobretodo, darles lo mejor de nosotros mismos, porque eso dará sentido a nuestra vida.
Coca-cola ¿Destapa la felicidad? ¿O destapa el maltrato?
Coca-Cola acaba de lanzar una gran campaña publicitaria que destapa el maltrato a la mujer en el parto. Para ello ha filmado en tiempo real un parto hospitalario en el que la mujer se ve reducida e inmovilizada al triste papel de espectadora de su parto y es colocada en una postura (tumbada sobre su espalda) que entorpece el parto (ya que estrecha el canal del parto y conlleva a un aumento del uso de instrumental- fórceps, palas o ventosa- que podría evitarse permitiendo a la mujer adoptar la postura que le resultara más cómoda en cada momento). Pero lo más grave de este parto es que a la mujer se le realiza una maniobra conocida como "Maniobra de Kristeller" que está altamente desaconsejada tanto por la Organización Mundial de la Salud como por la SEGO (Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia) y la nueva Estrategia de Atención al Parto Normal del Ministerio de Sanidad por los riesgos que conlleva para la parturienta y el recién nacido (hemorragias, desprendimiento de placenta, rotura de útero, episiotomía y consecuente sensación de alienación por parte de la madre hacia el recién nacido etc.) De hecho son numerosos los países europeos donde ésta práctica, de que los profesionales se pongan a presionar sobre la tripa de la mujer- en algunos casos incluso se suben literalmente encima- para que salga el bebé, hace ya muchos años que dejó de hacerse. Porque además de los riesgos para la mujer y su bebé, y de que casi siempre conlleva una episiotomía, la maniobra de Kristeller suele dejar a las madres destrozadas, a veces incluso sin ganas ni fuerzas de ver ni abrazar a sus bebés.
En su anuncio, Coca-Cola nos enseña magníficamente la triste realidad de muchos centros hospitalarios de nuestro país, en los que la mayoría de los recién nacidos son separados de sus madres sin justificación médica alguna y con grave perjuicio para la salud de ambos y para el establecimiento de un sano vínculo emocional y de la lactancia materna.
Coca-Cola ha pasado a la denuncia del maltrato a los bebés al mostrarnos en tiempo real un bebé nacido en un parto intervenido, en el que a su madre se suministra oxígeno como consecuencia de un procedimiento obstétrico agresivo, puesto delante de la cámara y separado de su madre nada más nacer, para luego depositarlo en una cuna al lado de una ventana, lejos del calor de la piel de su madre, del latido de su corazón y sus pechos.
Por todo ello agradecemos a Coca-Cola que haya denunciado el maltrato y su fina ironía al calificarlo de felicidad.
Con este mensaje queremos informar y concienciar a todas las embarazadas de este país. Animamos a todas las mujeres y hombres a informarse y solicitar una mejor atención al parto y el respeto y cumplimiento del derecho a recibir la mejor atención sanitaria posible, acorde a los conocimientos más actualizados y a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y del Ministerio de Sanidad y Consumo.
Asociación El Parto es Nuestro Plataforma por los derechos del nacimiento
www.elpartoesnuestro.es http://www.pangea.org/pdn/plataforma.html
15.1.09
Tenia tanto...
Para todas las madres que, en algún momento, de un modo u otro, han perdido un hijo.
Para las que no pudieron concebir o adoptar el hijo soñado.
Para las que le llevaron dentro y no llegaron a conocerle.
Para las que le tuvieron en sus brazos y un día se les marchó.
Para todas ellas esta canción de Nena Daconte que siempre me arranca una lágrima.
"La Ola", el peligro del grupo
En la película alemana “La Ola” que ha estado hace poco en los cines, se plantea un interesante debate sobre la facilidad con que nos vemos arrastrados hacia las sectas, grupos, asociaciones, partidos o similares; y el peligro que encierra cualquier fanatismo para la sociedad y para el individuo. Pero yo, como maestra, deseo ir más allá en el mensaje de la obra y ofrecer un análisis desde el punto de vista educativo.En un aula muy actual, con gran diversidad de su alumnado, libertad de opinión y bastante individualismo, el profesor instaura una pequeña dictadura que consiste en erigirse en líder de la misma y en formar un grupo de alumnos a través de normas, uniformidad, ideas vagas de grandeza, un nombre y un logo. Al final de la película los niños han perdido su individualidad, sus ideas, su estilo, su libertad… ya viven sólo por y para el grupo, se vuelven radicales y desprecian a los que no pertenecen al grupo. El profesor comienza con pequeñas cosas como la postura, el orden y la disciplina, el respeto hacia él mismo como figura de autoridad superior, el vestuario uniformado y la expulsión de aquellos alumnos que no se doblegan.
Me puso los pelos de punta pensar hasta que punto no intentamos todavía hoy en día en nuestro sistema educativo tratar a los alumnos así, como un todo, una masa a la que modelar y sin opinión propia. Pretendemos que todos aprendan las mismas cosas, independientemente de si les interesan o no. Pretendemos que nos obedezcan y respeten, aunque en ocasiones seamos injustos o no estén de acuerdo, o no les estemos tratando con el mismo respeto. Pretendemos que no destaquen, ni por arriba ni por abajo, que sigan todos el nivel marcado. En muchos colegios incluso visten de uniforme, “para que no se noten las diferencias” dicen algunos; ¿las diferencias son malas? me pregunto yo, ¿o nos enriquecen?
No sé si seguimos aún anclados en un modelo educativo que forma soldados y peones, seguidores de fútbol y votantes fáciles de manipular; o si conseguimos avanzar hacia una sociedad pensante y heterogénea, con individuos que saben buscarse a sí mismos sin necesidad de ídolos ni ideologías, y que saben ayudar al prójimo apreciando sus diferencias como lo que son, un valioso regalo social.
10.1.09
Echando el freno
En un mundo de burocracias y obstáculos, de esperas interminables, y con la idea de que millones de niños huérfanos esperan y necesitan una familia; la adopción se convierte en una carrera desenfrenada, en un objetivo vital por el que luchar. ¿Perdemos la perspectiva por el camino los implicados? ¿Se corresponde nuestro objetivo y nuestra idea con la realidad? Es muy posible que lleguemos al final del camino sin haber mirado las orillas, incluso sin haber querido ver a pesar de las señales; es posible incluso que una vez cumplido nuestro sueño de ser padres nos topemos con una realidad implacable: papeles falsos, historias que no concuerdan, madres destrozadas al otro lado del charco, familias reales con las que no contábamos, niños que nos rechazan. Puede pasar, o no. También puede pasar que nos atrevamos a mirar por el camino, que nos salgamos de él siguiendo una señal que da miedo, y que descubramos lo que había detrás de los edificios, en el callejón al que nadie se asoma: la realidad de la adopción internacional.
No se trata de casos aislados de corrupción en un país concreto, sino de algo mucho más extenso y complejo. Un desajuste entre lo que los padres piden y las realidades de los menores en adopción. Un desajuste que, aderezado con grandes cantidades de dinero y de pobreza, provoca situaciones variadas que ponen los pelos de punta. Se pueden encontrar publicaciones, información y denuncias por todas partes; es cuestión de buscar y de querer ver.
En la prestigiosa revista internacional Foreing Policy, por ejemplo, se puede leer:
La adopción internacional parece la solución perfecta para el desequilibrio emocional que padece el mundo: en los países pobres hay bebés sin un hogar; y en los ricos, familias sin bebés. Por desgracia, puede que esos retoños no sean en realidad huérfanos.
Todos conocemos la historia de la adopción internacional: millones de niños y bebés han sido abandonados –en el umbral de una iglesia o en el arcén de una carretera– o han perdido a sus padres a causa del sida, la miseria o la guerra. Estos pequeños se sienten olvidados, viven en orfanatos abarrotados o terminan en la calle, donde les espera un futuro incierto plagado de miseria y carencias. Pero si tienen suerte, unos amorosos padres venidos de muy lejos les sacan del lodo y les dan la oportunidad de disfrutar de una vida mejor. Por desgracia, esta narración es, en gran parte, ficción.
A los occidentales les han vendido el mito de que existe una crisis mundial de huérfanos. Les dicen que millones de niños esperan a familias que les acojan para siempre, que les salven del abandono y los malos tratos. Sin embargo, buena parte de las criaturas adoptadas hoy día no son huérfanas. Sí, cientos de miles precisan hogares donde se les quiera. Pero en la mayoría de los casos, los más necesitados están enfermos, discapacitados o traumatizados, o han cumplido los cinco años. No son los críos sanos que, comprensiblemente, la mayoría de los occidentales desea adoptar. No hay suficientes niños con buena salud para saciar la demanda de adopciones, y sí demasiado dinero moviéndose por el mundo en busca de hijos.
El resultado es que el objetivo de muchas agencias internacionales de adopción no es tanto encontrar hogares para los menores que los necesitan como hallar hijos que ofrecer a las familias occidentales.
Desde mediados de los 90, el número de adopciones internacionales casi se ha duplicado, pasando de 22.200 en 1995 a casi 40.000 en 2006. En 2004, la cifra alcanzó su máximo histórico: más de 45.000 niños de países en desarrollo fueron adoptados por extranjeros. Estados Unidos se lleva a casa a más críos que ningún otro: más de la mitad de la suma global, en los últimos años. [España es el segundo país en volumen total, con un 10%, y el primero en términos relativos junto a Suiza].
¿De dónde proceden todos estos críos? A medida que han florecido las adopciones internacionales han aumentado también las pruebas de que, en muchos países, gran cantidad de bebés están siendo sistemáticamente comprados, obtenidos con coacciones y robados a sus familias biológicas. Cerca de la mitad de las 40 naciones consideradas por el Departamento de Estado de EE UU como principales puntos de origen de las adopciones internacionales durante los últimos 15 años (lugares como Bielorrusia, Brasil, Etiopía, Honduras, Perú y Rumanía) han paralizado las acogidas o, al menos, Estados Unidos las ha vetado por las serias sospechas de corrupción y secuestro de niños. Pero cuando esto sucede, lo que muchas agencias hacen es, sencillamente, trasladar las esperanzas de sus clientes a otro país, el próximo gran proveedor. Esa nación registra, de pronto, un incremento en el número de críos adoptados, hasta que también le cierran las puertas. Por el camino, las adopciones internacionales se han convertido en un mercado espoleado a menudo por sus clientes. Los futuros padres adoptivos de EE UU están dispuestos a pagar a las agencias entre 15.000 y 35.000 dólares (entre 12.000 y 32.000 euros), sin contar gastos de viaje, coste de los visados y otros desembolsos por llevarse un hijo a casa. Los pequeños con necesidades especiales o de mayor edad tienen descuento. Según esas organizaciones, con ese dinero se paga la comisión de las agencias, los salarios y operaciones en el extranjero, los viajes del personal y las donaciones a los orfanatos. Pero los expertos dicen que las tarifas son tan desproporcionadamente altas para el país donde vive el niño que fomentan la corrupción.
Para complicar más las cosas, aunque la adopción internacional se ha convertido en una industria que se mueve por dinero, también está cargada de emociones. Muchas agencias y progenitores adoptivos insisten en que las prácticas inmorales no son sistemáticas, sino trágicos casos aislados. Que detengan a los culpables, dicen, pero que dejen que las buenas adopciones continúen. Sin embargo, si se elimina el incentivo económico, los niños sanos aptos para la adopción desaparecen por completo, salvo en China. Nigel Cantwell, asesor sobre políticas de protección de menores radicado en Ginebra (Suiza), ha comprobado que en Europa del Este y Asia Central se pueden adoptar chiquillos sanos de tres años, e incluso menos, en el propio país de origen. Le pregunté cuántos habría disponibles sin dinero de por medio. “Aventuro una respuesta: cero”, contestó.
La adopción internacional no fue siempre una industria impulsada por la demanda. Hace medio siglo era, sobre todo, una acción humanitaria para niños que habían perdido a sus padres en algún conflicto. En 1955, se extendió la noticia de que Bertha y Henry Holt, una pareja de Oregón (EE UU), había adoptado a ocho huérfanos de guerra coreanos. Desde entonces, la adopción internacional se ha hecho cada vez más popular en Australia, Canadá, Europa y Estados Unidos. Los estadounidenses acogieron a más de 20.000 niños extranjeros en 2006, frente a los 8.987 de 1995. Hoy, Canadá, Francia, Italia, España y EE UU realizan cuatro de cada cinco adopciones internacionales.
Los cambios demográficos occidentales explican la mayor parte del boom. Gracias a la anticoncepción, el aborto y el retraso en la edad de matrimonio, los nacimientos no deseados han bajado en la mayor parte de los países desarrollados. Algunas mujeres que han pospuesto su primer embarazo descubren que la edad se les echa encima; otras tienen problemas de fertilidad desde el principio. Algunas personas adoptan por motivos religiosos; dicen que han sido llamadas para cuidar de los necesitados. En Estados Unidos, otro motivo adicional es la percepción de que la adopción internacional es, de algún modo, más segura –más fiable y con más probabilidades de éxito– que muchas de las que se realizan dentro del país, donde hay un enorme miedo a que la madre biológica cambie de opinión a última hora. Un océano de por medio y la creencia de que los niños sin recursos abundan en los países pobres eliminan ese pavor.
Pero las adopciones internacionales, en realidad, no son menos arriesgadas; simplemente están menos reguladas. Del mismo modo que las empresas deslocalizan industrias a países con leyes laborales débiles y bajos salarios, las adopciones se han externalizado a Estados con poca legislación en la materia. Los padres biológicos pobres y analfabetos del mundo en desarrollo gozan de menos protección que los estadounidenses, sobre todo en países donde el tráfico de personas y la corrupción campan a sus anchas. Y, con demasiada frecuencia, este dato se pasa por alto en el otro lado, el de quienes quieren adoptar.
En realidad, hay muy pocos bebés sanos para adoptar: los huérfanos raras veces son bebés sanos y los bebés sanos casi nunca se quedan huérfanos. “No es cierto que haya grandes cantidades de críos sin hogar acogidos en instituciones o que necesiten de la adopción transnacional”, afirma Alexandra Yuster, asesora sobre protección infantil en Unicef.
Esta afirmación contradice la película que se les ha vendido durante mucho tiempo a los occidentales, a quienes las imágenes de miseria en los países en desarrollo y el interminable flujo de niñas chinas les han convencido de que millones de huérfanos necesitan desesperadamente un hogar. Unicef es, en parte, responsable de esta errónea visión. Las estadísticas de críos internados en instituciones suelen emplearse para justificar la adopción internacional. En 2006, Unicef contabilizó casi 132 millones de huérfanos en el África subsahariana, Asia, América Latina y el Caribe. Pero la definición de huérfano del organismo de Naciones Unidas incluye a los menores que han perdido sólo a uno de sus progenitores, ya sea por abandono o por fallecimiento. Apenas el 10% del total, es decir, 13 millones de ellos, se han quedado sin los dos, y la mayoría de estos últimos viven con sus familias extensas. También son mayores. Según la propia Unicef, el 95% de los huérfanos tiene más de cinco años. En otras palabras, los “millones de huérfanos” declarados por la organización no son bebés sanos condenados a la miseria en una institución si los occidentales no los rescatan. En general, se trata de chiquillos de más edad con familia cercana que necesitaría ayuda financiera.
La excepción es China, cuya política de un único hijo ha dejado una gran cantidad de niñas disponibles para adopción. Pero esta elevada afluencia de hijas no es infinita. Ya hay más extranjeros buscando retoños en el gigante asiático que huérfanas que Pekín desee enviar fuera del país. En 2005, 14.500 menores chinos fueron adoptados por extranjeros; las agencias sostienen que aún hay muchos más clientes esperando. Y llevárselas a casa es cada día más difícil. En 2007, el organismo chino competente redujo de golpe la cuota de niñas que podían enviarse al exterior, posiblemente debido al desequilibrio cada vez mayor entre la población masculina y la femenina, la reducción de la pobreza y los escándalos de tráfico de menores. Los candidatos a adoptar en China son evaluados con dureza en cuanto a su edad, antecedentes matrimoniales, tamaño de la familia, ingresos, salud e incluso peso. Esto significa que si usted es soltero o soltera, gay, tiene sobrepeso, se pasa de edad, no tiene una situación económica muy boyante, toma antidepresivos o ya tiene cuatro hijos, Pekín le descalificará. Incluso los que superan la primera fase de la selección pueden esperar tres o cuatro años hasta terminar todos los trámites. Esto ha llevado a muchos padres a buscar naciones donde se pongan menos trabas, como si todos los países fueran China, pero con normativas menos estrictas.
Uno de ellos es Guatemala, que en 2006 y 2007 fue el segundo exportador de niños a Estados Unidos. Entre 1997 y 2006, el número de guatemaltecos adoptados por estadounidenses se multiplicó más que por cuatro, hasta superar los 4.500 al año. Aunque parezca increíble, en 2006, uno de cada 110 bebés nacidos en ese país fueron adoptados por estadounidenses. En 2007, nueve de cada diez adoptados tenían menos de un año; casi la mitad no había cumplido los seis meses. “Guatemala es un caso perfecto para estudiar cómo las adopciones internacionales se han convertido en un negocio regido por la demanda”, afirma Kelley McCreery Bunkers, ex consultora de Unicef. El proceso de adopciones guatemalteco “fue una industria desarrollada para satisfacer a las familias sin hijos de los países desarrollados”. Debido a que la inmensa mayoría de los menores ingresados en instituciones en Guatemala no están sanos, casi ninguno ha conseguido un hogar extranjero. En otoño de 2007, una encuesta realizada por el Gobierno de Guatemala, Unicef y la agencia para el bienestar y la adopción Servicios Infantiles Internacionales Holt contabilizó 5.600 menores en orfanatos nacionales. De ellos, más de 4.600 tenían cuatro años o más. Menos de 400 eran menores de 12 meses. Y, sin embargo, en 2006 se enviaron cada mes más de 270 bebés guatemaltecos de menos de un año a Estados Unidos. No procedían de las instituciones de acogida: el año pasado, el 89% de esos niños exportados fueron abandonos: bebés cedidos directamente a un abogado que aprobó la adopción internacional –a cambio de unos nada desdeñables honorarios– sin la intervención de un juez o agencia de servicios sociales.
Entonces, ¿de dónde salen algunos de los niños adoptados? Veamos el caso de Ana Escobar, una joven guatemalteca que, en marzo de 2007, denunció a la policía que unos hombres armados la habían encerrado en un armario de la tienda de zapatos de su familia y le habían robado a su hija. Después de buscarla durante 14 meses, Escobar encontró a su pequeña en un centro de acogida, justo unas semanas antes de que la niña fuera entregada a una pareja de Indiana (EE UU). Las pruebas de ADN demostraron que era la hija de Escobar. Un caso similar se produjo en 2006, cuando Raquel Par, otra guatemalteca, denunció que había sido drogada mientras esperaba un autobús en la capital del país, y que cuando despertó, su bebé de cuatro meses había desaparecido. Tres meses después, Par supo que la cría había sido adoptada por una pareja estadounidense. El 1 de enero pasado, Guatemala cerró sus puertas a las solicitudes estadounidenses para que el Gobierno pueda reconstruir el descontrolado proceso de adopciones. Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania, Países Bajos y España dejaron de aceptar niños del país centroamericano varios años antes, porque les preocupaba el posible tráfico de menores. Pero aún están tramitándose más de 2.280 peticiones con destino a Estados Unidos, si bien con salvaguardas. De hecho, ya se han encontrado bebés robados entre los pequeños destinados a las familias del Norte. Las autoridades guatemaltecas esperan que aparezcan más.
Guatemala se considera el país con el historial más corrupto en este ámbito. Pero las mismas tendencias preocupantes están surgiendo, en menor escala, en una docena de Estados, incluidos Albania, Camboya, Etiopía, Liberia, Perú y Vietnam. Este patrón sugiere que la oferta de bebés aparece con el objeto de satisfacer la demanda y desaparece cuando el dinero occidental ya no está a mano. Por ejemplo, en diciembre de 2001, el servicio de inmigración estadounidense dejó de tramitar los visados de adopción reclamados desde Camboya, aduciendo pruebas de que los niños se estaban obteniendo ilegalmente, a menudo contra los deseos de los padres. Entonces, fueron adoptados más de 700 menores camboyanos. De los 400 que acabaron en hogares estadounidenses, más de la mitad tenían menos de 12 meses. Pero en 2005, un estudio sobre la población huérfana camboyana encargado por la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID) detectó sólo 132 menores de doce meses en el país, una cifra inferior al número de bebés que hacía pocos años los occidentales acogían cada trimestre.
Incluso en los países con elevada población, como India, quedan pocos críos menores de dos años que necesiten padres extranjeros. La gran clase media india, tanto en el subcontinente como en la diáspora, afronta los mismos problemas de fertilidad de los países desarrollados. Sus integrantes también buscan bebés sanos que adoptar; algunos expertos piensan que esos millones de familias de clase media podrían absorber con facilidad todos los retoños disponibles. La pobreza en India condena a muchos chiquillos a buscarse la vida en las calles. Pero “no hay niños de dos años abandonados”, afirma Cantwell. “Han cumplido cinco o seis, y nadie va a aceptarlos”. Esto se debe, sobre todo, a que la mayoría tienen lazos familiares y, por tanto, no pueden ser adoptados legalmente, pero también, en parte, a que les sería muy difícil adaptarse a un hogar de clase media de Europa o EE UU. Muchos están marcados por los abusos, el crimen y la pobreza, y muy pocas personas están preparadas para acogerlos.
Y cuando los futuros padres adoptivos reciben todos los documentos legales que acreditan que el niño es un huérfano que necesita un hogar... ¿pueden estar seguros de ello? Por desgracia, no es así.
Es sorprendente la facilidad con la que, en ciertos países, se fabrica la historia de un niño pequeño hasta transformarlo en un huérfano. Las madres biológicas son, con frecuencia, pobres, jóvenes, solteras, divorciadas o sin protección familiar. Puede que el crío haya nacido en el seno de una minoría excluida. Y por la cantidad adecuada, cualquiera puede separarlos de sus vulnerables familias y convertirlos en huérfanos de papel que serán objeto de una lucrativa exportación.
Algunos de estos falsos huérfanos se encuentran en instituciones que los occidentales llaman orfanatos, pero estos establecimientos a menudo funcionan en realidad como internados para niños simplemente pobres. Muchos están en esos lugares sólo de manera temporal, buscando comida, refugio y educación mientras sus padres no pueden ocuparse de ellos, ya sea por enfermedad o por miseria. Un gran número de familias visitan a sus hijos, o incluso se los llevan a casa los fines de semana, hasta que pueden volver para siempre. En 2005, cuando el Orfanato Hannah B. Williams de Monrovia (Liberia) fue clausurado por las terribles condiciones de vida de los internos, 89 de los 102 supuestos huérfanos regresaron a sus hogares. En ocasiones, directores con pocos escrúpulos, funcionarios locales u otros intermediarios convencen a familias analfabetas para que firmen documentos en los que renuncian a sus hijos, que son entregados en adopción en el extranjero y nunca vuelven a ver a sus desolados familiares.
También se utilizan otros métodos de similar vileza. Las agencias occidentales suelen contratar a terceros dentro del país –en ocasiones, directores de orfanato; otras veces, intermediarios independientes– a quienes pagan una determinada suma por cada crío sano adoptado. Estos facilitadores, a su vez, contratan a otras personas para que busquen niños, ofreciendo a menudo remuneraciones muy superiores a las del mercado local. La promesa de estos emolumentos supone un gran incentivo económico. En Guatemala, un país con una renta per cápita de 4.700 dólares al año, estos conseguidores de niños podían ganar entre 6.000 y 8.000 dólares por cada pequeño apto para la adopción que localizaban. En muchos casos, pagaban a las familias pobres a cambio de sus hijos. Un informe de mayo de 2007 sobre el tráfico en las adopciones realizado por la Conferencia de La Haya sobre Derecho Privado Internacional sostenía que algunas familias guatemaltecas recibían entre 300 dólares y varios miles por niño. En algunas ocasiones, los profesionales sanitarios también están involucrados. En Vietnam, por ejemplo, pueden obtenerse unos 50 dólares por conseguir un niño, el salario de un mes de un enfermero. Algunos de ellos, y también médicos, coaccionan a las madres para que entreguen a sus recién nacidos en adopción como alternativa al pago de facturas de hospital infladas de la forma más brutal. A las analfabetas las obligan a firmar documentos que no saben leer. En agosto de 2008, el Departamento de Estado de EE UU emitió una alerta avisando de que los certificados de nacimiento del Hospital Tu Du de la ciudad de Ho Chi Minh –que había declarado 200 nacimientos al día y una media de tres abandonos por cada 100– no eran “fiables”. La mayoría de los recién nacidos abandonados allí eran trasladados al orfanato de Tam Binh, en la misma ciudad. En esta institución estaba el niño vietnamita que ha adoptado Angelina Jolie. Según Linh Song, directora ejecutiva de Ethica, una organización sin ánimo de lucro dedicada a promover la adopción ética, el jefe de obstetricia de un hospital provincial le dijo en 2007 que “había entregado a 10 bebés de minorías étnicas a un orfanato a cambio de una incubadora”.
Para facilitar el proceso, se puede sobornar a funcionarios de los países de origen para que creen documentos de identidad falsos. Los consulados de las naciones de destino aceptan, en general, cualquier informe. Si una embajada percibe señales preocupantes –como un incremento súbito de niños sanos procedentes de ciertos orfanatos o una provincia que envía un número sospechosamente elevado de bebés cuyos documentos se parecen demasiado–, puede que lo investigue. Pero lo normal es que los funcionarios no quieran dificultar las adopciones de críos que sí las necesitan ni poner palos en las ruedas a las personas que desean un hijo. Sin embargo, muchos de ellos piensan que las adopciones que pasan por sus despachos son demasiadas. “Creo con firmeza en la adopción transnacional”, afirma Katherine Monahan, una funcionaria del Departamento de Estado de EE UU que ha supervisado montones de adopciones de niños de todo el mundo para ciudadanos de su país. “[Pero] me preocupa que muchos niños podrían haber permanecido con sus familias si hubiéramos sido capaces de ofrecerles un poco de ayuda económica”, agrega. Otro funcionario de EE UU me dijo que cuando se preguntó al personal de una embajada de un país que ha enviado más de mil niños al extranjero el año pasado qué visados les generaban dudas, respondieron: “Casi todos”.
Es posible que la mayoría de los occidentales que tienen relación con agencias internacionales digan la verdad cuando alegan desconocer que se realicen prácticas poco éticas o in??aceptables. Es mejor para ellos no saber nada. A Lauryn Galindo, una ex bailarina de Estados Unidos, la ignorancia premeditada le permitió ganar más de nueve millones de dólares a lo largo de varios años en comisiones por la adopción de camboyanos. Entre 1997 y 2001, los estadounidenses adoptaron 1.230 menores de Camboya; Galindo ha declarado que participó en 800 (se ha publicado que fue ella quien llevó al hijo camboyano de Jolie al rodaje de una película de la actriz en África). Pero en un proceso que comenzó en 2002 y que se prolongó dos años, los investigadores de EE UU testificaron que la ex bailarina pagó a ojeadores para que consiguieran niños comprándolos, robándolos, obligando a sus familias o engañándolas, y que conspiró para crear documentos falsos para los chiquillos. Galindo acabó pasando un tiempo en una prisión de EE UU por fraude en visados y lavado de dinero, pero no por tráfico de personas. “Puedes comprar menores por todo el mundo sin terminar en la cárcel si eres ciudadano estadounidense”, dice Richard Cross, agente especial de Inmigración y Aduanas que investigó el caso de Galindo. “No es un delito”.
La mayoría de los padres no querrían comprar un niño en el extranjero. Entonces, ¿cómo puede impedirse? Con el incremento de las adopciones internacionales durante la pasada década ha fracasado la estrategia de vetar a determinados países: lo que se consigue es que los padres trasladen sus esperanzas (y su dinero) a otro destino. Las agencias que sacan beneficio de las adopciones parecen desconocer de forma consciente cómo sus comisiones fomentan la corrupción.
Algunas naciones han mantenido la legalidad y transparencia del proceso casi desde el principio y su modelo es muy instructivo. En Tailandia, por ejemplo, un organismo gubernamental aconseja a las madres biológicas y ofrece apoyo económico y social a las familias para que la pobreza no se convierta en una razón para abandonar a un niño. Paraguay y Rumanía reformaron sus respectivos sistemas de adopción después de una época turbia en los 90. Pero estos cambios implicaron el cese casi total de los procesos. En 1994, Paraguay envió 483 niños a EE UU; el año pasado no mandó ninguno.
La mayor esperanza para lograr una solución más global puede estar en el Convenio de La Haya sobre adopciones internacionales, un acuerdo internacional cuyo objetivo es impedir el tráfico infantil en los procesos de adopción. El 1 de abril de 2008, Estados Unidos firmó el convenio, que tiene otros 75 signatarios [España, entre ellos]. En Estados miembros como Albania, Bulgaria, Colombia y Filipinas, se han introducido reformas para hacer compatible la adopción con el acuerdo multilateral, incluida la creación de un organismo en la Administración central que vigile el bienestar de los niños, que asegure que primero se les intenta enviar con sus familias extensas y sus comunidades y que limite el número de agencias de adopción internacional autorizadas para trabajar en el país. El resultado, según los expertos, ha sido una reducción brusca de las compras de críos, el fraude, la coacción y los secuestros en este ámbito.
El endurecimiento de la legislación no protegería sólo a los niños adoptados y a sus familias biológicas, sino también a sus consumidores: los futuros padres. Adoptar un hijo –como traerlo al mundo– es una experiencia intensa; puede ser traumático descubrir que un chiquillo que se creía huérfano no lo es. Un estadounidense que adoptó una niña en Camboya en 2002 se echó a llorar al relatar su experiencia en una comisión sobre la ética en las adopciones, en 2007: “Me dijeron que era huérfana; un año después de acogerla, cuando todavía no hablaba bien inglés, me habló de sus padres y sus hermanos”, explicó.
Si no reconocemos que, tras la apariencia altruista, la adopción internacional se ha convertido en un negocio –a menudo lucrativo y a veces corrupto–, muchas más adopciones tendrán un final desgraciado. Si no se piden cuentas a las agencias, no podrá evitarse que nuevos niños sean separados ilegalmente de sus familias. Y si las personas que desean tener hijos no demandan más reformas, los padres continuarán financiando –a sabiendas o no– estas fechorías. “A los crédulos occidentales, que quieren hacer pensar que están salvando críos, se les engaña con facilidad para que acepten blanquear a un niño”, escribe David Smolin, catedrático de Derecho y promotor de la reforma de la adopción internacional. “Porque no hay peor imbécil que el que quiere que le tomen por imbécil”.
31.12.08
Su nombre no importa
Cuenta una antigua leyenda queun ángel le dijo a Dios:
-Dices que me vas a enviar mañana a la Tierra pero
-Entre los muchos ángeles de gran corazón elegí uno para ti.
-Pero aquí en el cielo soy muy feliz,
no hago más que cantar y sonreír.
-Tú ángel te cantará y sonreirá siempre,
y serás muy feliz.
-Y ¿cómo entenderé cuando la gente me hable si no
conozco el extraño idioma que hablan los hombres?
-Tu ángel te dirá las palabras más dulces y tiernas, y
con mucha paciencia y cariño te enseñará a hablar.
-Y ¿qué haré cuando mi cuerpo enferme?
-Tu ángel te cuidará noche y día,
-¿Y si me siento sólo en un mundo tan extraño?
-Nunca te sentirás sólo en el mundo porque tu ángel siempre estará contigo.
Incluso si algún día encuentras tu misión en la vida y partes lejos,
tu ángel estará contigo en la distancia,
pues tu corazón será su corazón.
En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo;
pero ya se oían voces terrestres.
Y el niño presuroso repetía suavemente:
-Dios mío, si ya me voy, dime:
¿cómo se llamará mi ángel?
-Su nombre no importa,
tú la llamarás...
“Mamá”
30.12.08
Colegios Unidos del Mundo

20.11.08
Pornografía Infantil NO
A Través de la Infancia se suma a esta Campaña en contra de la pederastia y pornografía infantil. Hoy 20 de Noviembre se celebra el Día de los Derechos de los niños, recogidos en la convención internacional de la ONU en 1989; estos son:1.- Derecho a la igualdad.
2.- Derecho a desarrollarse en condiciones dignas.
4.- Derecho a la sanidad.
5.- Derecho a la integración de todos los niños diferentes.
6.- Derecho a crecer al amparo de la familia.
7.- Derecho a la educación y al juego.
8.- Derecho a recibir auxilio y protección.
9.- Derecho a la protección contra los abusos.
Lamentablemente, muchos niños y niñas en todo el mundo sufren abusos sexuales y padecen indefensos e impotentes a manos de su agresor. No podemos detener a todos los agresores, pero sí podemos proteger a la infancia de esta práctica. La clave: respétales y les enseñarás a respetarse a sí mismos; escucha su opinión y así alzarán la voz; no pretendas que digan siempre sí, a veces decir NO puede salvarles.
12.11.08
Hablar de la muerte a los niños (2ª parte)
Para comunicar la noticia a mi hija, utilicé un cuento de “Caillou aprende a ser mayor” en el que encuentra un pajarito muerto y su papá le dice que el parajito se murió porque era muy viejito. Después le hablé de la muerte de la perra, que no había muerto por ser muy vieja sino porque se puso muy enferma y el veterinario no pudo curarla.Respuesta: -Nooooooooo, abuelita es un poco vieja, pero hay que ser muy muy viejo para morirse.
Respuesta: -No, hay que ser muuuuucho más viejo. Los abuelitos todavía van a estar mucho tiempo con nosotros.
Respuesta: -Morirse es cuando el cuerpo deja de funcionar, y ya no respira, ni late el corazón, ni se mueve.
Respuesta: -Yo estoy malita de catarro y me voy a curar enseguida. Cuando nosotros nos ponemos malos son cosas pequeñas que se curan. Xana se puso enferma de algo muy grave que no se podía curar.
Respuesta: -Todos los animales y las plantas se mueren algún día, cuando ya están muy viejos, y luego nacen más plantas y más animales pequeñines.
Respuesta: -Está en las estrellas. Cuando alguien se muere, el cuerpo se entierra y la energía que tiene dentro sube al cielo y se transforma en una estrella.
Respuesta: -Eso es, la gallina de Aida se murió porque era muy muy viejita. Igual que se mueren a veces los peces del acuario.
Respuesta-confirmación: Nooo, tú eres muy joven.
Respuesta: -Sí, todos están en las estrellas, brillan de noche para que podamos verles y nos cuidan.
Respuesta (igual de inocente que la pregunta): -Claro cariño, otro día.
3.11.08
El chupete
En los primeros años de vida el placer se encuentra localizado principalmente alrededor de la boca, y vinculado especialmente a la lactancia. También la boca es el medio empleado para explorar y aprender (los niños se llevan todo a la boca, lo que les proporciona placer y nuevos conocimientos al mismo tiempo), y la parte del cuerpo sobre la que más control tienen en el inicio de la vida. La succión continua es, por lo tanto, una necesidad fundamental del bebé. Esta succión debe darse preferiblemente del pecho materno pero, en caso de haber recurrido al chupete por unos u otros motivos, la fase del "destete" se produce de la misma manera; y cierto día nos veremos obligados a decidir si "destetamos" bruscamente o esperamos a que él mismo lo decida. Aunque la voz popular recomienda quitar el chupete al niño como máximo a los 2 años, lo cierto es que hacerlo a esta edad, e incluso a los 3, suele ser complicado. Por un lado, esto se debe a que a esta renuncia al chupete viene a sumarse a las muchas otras renuncias que suelen darse en pocos meses (pañales, sillita, cuna, trona…); por otro, a que en esta se edad se produce una vuelta a la madre y, por lo tanto, mayores necesidades afectivas; y por último, a que el placer oral sigue siendo a los 2 años una necesidad. El argumento principal que se utiliza para retirar el chupete a los niños antes de los 2 años son las posibles malformaciones dentales. Sin embargo, todos los artículos publicados en los tratados de odontología se refieren a la dentición temporal. En ellos se afirma que la succión continua no nutritiva durante más de 2 años produce cambios en la dentición temporal pero que siempre que el hábito se interrumpa antes del inicio de la dentición definitiva, las posibles maloclusiones o deformaciones del paladar se recuperan y vuelven a la normalidad en unos 2 meses.
Además, hay evidencias de que el uso del chupete es menos lesivo para la oclusión que la succión del pulgar, particularmente porque el chupete es abandonado de forma espontánea frecuentemente antes los 4 años de edad. La succión del dedo presenta un riesgo superior de prolongarse más allá de la edad preescolar, y por ello algunas autoridades recomiendan, para niños que demuestran necesidad de succionar, el uso de chupete.
En el caso de darse otitis medias de repetición, el uso del chupete puede ser un factor agravante de la situación y, en ese caso, se recomienda limitar su uso a los momentos en los que el niño va a dormir.
Eliminados, pues, los tan mencionados riesgos, no existe realmente ninguna necesidad de provocar una pérdida al niño de uno de sus principales objetos de apego. Probablemente, lo abandonará por sí mismo antes de acabar la educación infantil y, en caso contrario, a los 5 años contará con más capacidad de razonamiento y más armas emocionales para renunciar a él.
Todos hemos tenido algo (o alguien) por lo que sentimos un fuerte apego. Algo o alguien que nos ha proporcionado placer, que nos ha consolado en los momentos bajos, que nos ha acompañado como un amuleto cuando estábamos nerviosos, que nos ha hecho sentir mejor cuando estábamos enfermos. Seguro que se podría hacer una larga lista de los objetos más inusitados, y no digamos ya de las personas que han sido fundamentales en algún momento de nuestras vidas. A lo mejor alguien dijo alguna vez que no necesitábamos “de verdad” ese algo, que teníamos “demasiada dependencia”, que ya éramos mayorcitos para “eso” e, incluso, que sentir un apego tan fuerte nos perjudicaba.
Yo propongo que nos pongamos un poco en la piel de nuestros hijos antes de quitarles un objeto de apego que es realmente importante para ellos. Pensemos en si realmente le está perjudicando, en si está emocionalmente preparado o bien está atravesando precisamente en estos momentos una etapa complicada, en si se muestra muy apegado a ello o sólo recurre a él en ocasiones… Hay que valorarlo todo sin dejarnos guiar por lo que diga la gente. Porque desgraciadamente a veces les hacemos sufrir innecesariamente, tan sólo por no saber soportar la presión social, o por no contar con información veraz y contrastada sobre el tema.
30.10.08
Pídeselo a alguien que le importe
"Pídeselo a alguien que le importe", así se titula la entrada del maravilloso blog "África en el Mundo" que recomiendo a todos.27.10.08
EL APEGO
Hablar de vínculo es hablar de lazo. Hablar de lazo es en primer lugar hablar de la instauración del lazo. Debemos rendirnos a la evidencia que la naturaleza de nuestras primeras relaciones influencia ampliamente el curso de nuestras relaciones futuras. En este primer periodo de la vida es cuando el niño aprende lo que se puede esperar de un ser humano.Quiero destacar que cuando hablo de niño me refiero a ambos sexos y cuando hablo de madre me refiero a la persona que se ocupa del cuidado del bebé desde que nace y de forma principal. En este caso, hablo más de un rol aunque siempre es preferible que sea la madre biológica la que desempeñe este rol puesto que antes del nacimiento y en las horas inmediatas al mismo ya se va creando un vínculo importante que de otra forma se rompería y habría que reparar. El rol del padre (o persona secundaria en el cuidado del bebé) es el de apoyo y sostén de esa díada creada y necesaria.
1. Antes del nacimiento
La cuestión del vínculo afectivo comienza aún antes del nacimiento, a partir del momento en que los adultos proyectan tener un niño.
Una de las primeras cuestiones nos lleva al deseo de la pareja por el niño que va a nacer y al contexto en el que ésta vive. Se oye hablar del niño sorpresa, del niño reparador de la pareja en dificultad, del niño presión sobre un cónyuge dispuesto a irse, de un niño nacido fuera del matrimonio, de los niños deseados y de todos los que han nacido en muchas situaciones diferentes.
Desde la concepción del niño, nacen en el seno mismo del sistema familiar y de la pareja en la cual el niño sobrevive, interacciones; éstas influyen como una impronta sobre el niño.
2. Durante el primer año de vida
El bebé vive miles de veces un ciclo de vínculo afectivo normal, cada vez que expresa una necesidad con sus llantos (hambre, frío, malestar, ganas de caricias…) y que su mamá alivia esta necesidad dándole lo que espera. El niño desarrolla así una confianza de base en su mamá, un sentimiento de seguridad que le permitirá, después del primer año, explorar su entorno.
3. Durante el segundo año de vida
Cada vez que los padres ponen límites al niño, un segundo ciclo de apego seguro se desarrolla, en el que el niño aprende poco a poco a controlarse y a respetar las reglas de la sociedad.
El niño necesita saber que su madre está ahí para protegerle, en este caso, poniéndole límites que le privan del peligro físico o social. Es importante destacar que los límites se refieren a la exploración del entorno (si voy a tocar un enchufe me dicen “no” y de esta manera me siento protegido) y a la interacción social del niño (si pego me dicen que “no” y de esta manera me siento guiado).
A partir de las experiencias diarias de cuidados maternos, de exploración, de búsqueda de proximidad o bien, de ausencia o ambivalencia de todo ello, el niño se construye un modelo operacional interno de su alrededor, de su madre y de él mismo.
Este modelo es la representación para el niño de lo que son las relaciones sociales en general y de lo que puede esperar de un lazo afectivo particular; la representación del mundo y de la seguridad o inseguridad que le genera.
A falta de interacción suficiente, el vínculo entre el bebé y su madre no se crea. El vínculo conseguido, es decir, la respuesta adecuada del entorno a todas las señales del niño, construye el sentimiento de confianza y de seguridad del bebé en sí mismo y de este modo afrontará mejor las separaciones y pruebas posteriores.
Existen, según el modelo, 3 tipos de apego:
-El apego seguro: Generalmente, un niño con un vínculo de apego seguro se preocupa o se disgusta ante la separación de su madre, cuando ella desaparece dejándole con un extraño el niño llora (puede ser posible consolarlo), y cuando ella vuelve corre a sus brazos. Si la madre está presente, explora el entorno con naturalidad pero conservando siempre un radio de acción. Se forma cuando el bebé encuentra siempre una respuesta a sus necesidades y demandas, de este modo confía en que su madre (o la persona que la sustituye) siempre estará ahí para cuidarle y esa confianza generada influye de forma definitiva en su personalidad. El vínculo de apego que tiene hace que se sienta seguro únicamente si su madre está presente o cerca porque ella es la persona que se ocupa de su supervivencia y su seguridad. En el futuro, estos niños tienen más posibilidades de ser autónomos solucionando sus problemas, ser sociables y tolerantes y tienen más probabilidades de lograr un buen desarrollo intelectual.
-El desapego o apego inseguro evitativo: Durante el juego no buscan a la madre para ver si está presente. Cuando la madre se marcha no muestra estar afectado y cuando vuelve rechaza el contacto o le deja indiferente. Este desapego está producido por un modelo de relación temprana basado en el rechazo y la insensibilidad hacia el llanto del niño, también se produce cuando hay abandonos. El abandono puede ser real o sólo así sentido por el bebé, que no siente a su madre presente ni pendiente de sus necesidades, bien por ser una madre ocupada, ausente por trabajo o una madre que cree en los métodos de dejar llorar al bebé para educarle. El niño, para defenderse del dolor que esto le produce, se cubre de aparente indiferencia. En la edad adulta suelen ser personas desconfiadas, desapegadas y con estilo autosuficiente.
-El apego ansioso ambivalente: Apenas exploran el entorno en presencia de la madre, su preocupación porque ella desaparezca en cualquier momento hace que no se alejen de ella. Cuando la madre se va, la ansiedad ante la separación es muy intensa (sin consuelo posible), sin embargo cuando vuelve, la rechazan a modo de castigo. Las madres de este grupo son ambivalentes, en ocasiones cálidas y en otras insensibles, dependiendo más de su propio humor que de la demanda del bebé. Ante la exploración del entorno, se muestran ansiosas y sobreprotectoras, no permitiendo que se dé un alejamiento y movimiento naturales. De este modo, el niño desarrolla una dependencia inmadura para conservar la atención de su madre, pues descubre que no siempre puede contar con ella y se siente inseguro. En la edad adulta estas personas necesitan continuas muestras de afecto para sentirse bien, su modelo mental no ve al otro como alguien estable y disponible, y cualquier conducta ambivalente del otro se interpreta como un rechazo total.
-Existe un último grupo, menos común, que es el apego desorganizado: consiste en una combinación de los dos anteriores y provoca grandes trastornos emocionales y de conducta. Se produce cuando existen grandes desajustes emocionales en la madre o en la familia en general.
Al analizar nuestro propio modelo de familia o cualquier otro, debemos tener en cuenta que:
- nadie es absolutamente estable ni está disponible todo el tiempo, hablamos de conductas permanentes y repetidas pero no omnipresentes;
- las relaciones se producen en dos direcciones, con lo que el carácter y las respuestas que da el bebé también influyen en los modelos de relación;
- cada bebé posee una determinada capacidad de resiliencia, que significa la capacidad para resistir el estrés, frustraciones y problemas de la vida sin quedar por ello alterado de forma profunda.
Si descubrimos en nuestra infancia un determinado modelo de apego que nos está influyendo de forma negativa, analizarlo es el primer paso para el cambio. En cualquier caso, y dado que los patrones de relación vividos tienden a reproducirse con los hijos, lo más importante será ser conscientes de ello y tratar de mejorar en nuestro papel de padres.
Si descubrimos en alguno de nuestros hijos un modelo de apego no seguro, sea por la causa que sea, debemos tomar conciencia de ello y saber que casi siempre es posible restablecer el vínculo, aunque nos llevará tiempo y paciencia. La asociación PETALES trabaja con familias cuyos hijos tienen trastornos del vínculo de apego. También la psicóloga experta en prevención infantil Yolanda González, puede brindar una excelente ayuda en estos casos.
